jueves, 29 de septiembre de 2011
St. Vincent - Strange Mercy (2011)
Cuando el disco comenzó, tuve miedo. Si bien no suele pasarme –y no por falta de cobardía-, poner play por primera vez a discos como el debut homónimo de Fever Ray, 'Antichrist Superstar' de Marilyn Manson o como 'Les Noces', de Stravinsky, genera una mezcla de terror y ansiedad que me encanta. Con Strange Mercy, sin embargo, no fue ese tipo de miedo.
Si bien es el tercer álbum de St. Vincent, después de las inevitables (Pj Harvey, Beth Gibbons, etc.), y en estos tiempos de tanta front-girl, me cuesta no temerle a la copia de la imitación. Aunque no pierdo la esperanza: es difícil, pero se puede pasar de sonar parecida a Björk después de una lobotomía (véase The Milk-Eyed Tender, de Joanna Newsom), a tener, a mi parecer, uno de los mejores sino el mejor disco de la década del 2000 (véase Ys, de Joanna Newsom).
La entrada de la voz en el primer tema, Chloe in the Afternoon, me dio ese miedo. Pasó el tema y no me lo sacó. Pero en el segundo, Cruel, esquizofrénico entre un pop publicitario y un Disney donde la Bella y la Bestia son una misma compositora, escuché la señal: un solo de guitarra sucio como el padre de mi padre.
A partir de ahí el disco despega: la voz se arrepiente de algo y me arrastra a entenderla (Cheerleader); en Surgeon, El tema del disco, se escucha eso que va a volver a sonar: las cuerdas de sintetizador casi impresionistas (Debussy), un soft 80’s que funciona de sostén para letras escuetas, de errores, de dolores, pero sin golpes bajos, sin dramatismo, y una intensidad momentánea y sin abuso que aparece de varias maneras: con solos podridos a lo Dan Deacon (Northen Lights), con letras chicas y superpoderosas (Strange Mercy), guitarras roncas y frikis (Neutered Fruit), hacerme sentir de nuevo a Moloko (Surgeon) y estribillos hasta que duelan (Champagne Year). Duelen tal vez porque St. Vincent nunca se relaja; hay una sinceridad muy abajo que un poco molesta. Haciéndolo, además, con tiempos irregulares, modulaciones, disonancias y otros recursos que los que bailan parecen tenerle mucho, mucho, miedo. Y es muy poco Disney.
En un momento de Hysterical Strengh escuché algo peor que la música de Ibiza: la de mi viaje de egresados. Pero igual que en todos los temas del deisco hay un momento que lo hace valer. Me equivoqué, como arriba cuando dije que El tema del disco era Surgon. El último tema, The Year of The Tiger, qué puedo decir. Merece un apéndice. Con cuatro versos ella hace magia. Pronuncia como si estuviera actuando; si canta, está sobreactuando… o “sobrecantando”, ja, ja, ja, dirán; como una actriz muy medida, que nunca sobreactúa, diría.
En conclusión, Strange Mercy me hizo saber que hay algunas que van a quedar, imagino ahora, como inevitables, pero por no haber trabajado con tanta grandilocuencia y sí con mucho erotismo: exagareda en ser medida. Me volvió a enseñar que el miedo es la enfermedad que me deja estático gritándome al oído como cuando Bill Hicks (amén) sobreactuaba a la perfección. Y esto último, sin dejarme tranquilo, me lo terminó de recordar con esa última pieza en la que la tensión de la anécdota, revivida en los versos, la resuelve precisamente con este parlamento: “Living in fear in the year of the tiger”.
Tracklist:
01. Chloe In The Afternoon
02. Cruel
03. Cheerleader
04. Surgeon
05. Northern Lights
06. Strange Mercy
07. Neutered Fruit
08. Champagne Year
09. Dilettante
10. Hysterical Strength
11. Year Of The Tiger
(para http://www.afterhoursintokio.com.ar)
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